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¿Que clase de pensamientos hay en tu mente?
Job 42: 2 “Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti”.
Personalmente recomiendo un libro que se titula: “El campo de la batalla espiritual: la mente”, porque creo firmemente que nuestra mente es el mayor campo de batalla espiritual con el que nos enfrentamos diariamente.
Dime tú, ¿Si o no, que antes de pecar pensamos en hacerlo o no hacerlo?, nadie absolutamente nadie puede decir: “Cuando menos pensé, caí” porque eso es falso, puesto que caemos cuando mas lo pensamos, porque el pecado anduvo primeramente en nuestra mente y luego lo llevamos acabo.
Ahora te pregunto: ¿Qué clase de pensamientos son los que gobiernan tu vida?
La Biblia dice que los cristianos tenemos la mente de Cristo, pero ¿Será que mi mente esta totalmente gobernada por Cristo?
El enemigo numero uno de nuestra mente es Satanás, quien utiliza toda clase de pensamientos para atarnos a un vida carnal llena de pecado, pero Dios quiere que nosotros entendamos que nuestra mente tiene que ser gobernada totalmente por El.
Alguien puede decir: “Es que no puedo dejar de pensar en el pecado”, pero ¿Realmente será que no puede?, creo que no es que no pueda, mas creo que es que no quiere dejar de pensar en eso. Martín Lutero decía: “No puedo evitar que las aves vuelen sobre mi cabeza, pero si puedo evitar que hagan nido en ella”.
Amado hermano, no puedes evitar que en cualquier momento un pensamiento negativo venga a tu mente, pero si puedes evitar que ese pensamiento haga nido en ti. ¿Qué quiero decir con esto?, pues que nosotros somos quienes permitimos o no que los pensamientos de parte del enemigo anden en nuestra mente.
Cuando tú y yo nos sumergimos en el río del Espíritu de Dios, nuestra mente estará inmune a los ataques del enemigo, ¿Por qué?, pues porque una mente que se sumerge en el río del Espíritu de Dios es una mente que estará llena de pensamientos positivos que lo llevaran a la victoria contundente contra cualquier ataque del enemigo.
Job decía: “no hay pensamiento que se esconda de ti”, y realmente es cierto, no hay pensamiento que se esconda de Dios, porque El es Omnisciente. Entonces frente a esta verdad, te hago la siguiente pregunta: ¿Hay algún pensamiento que anda en ti que te avergonzara que Jesús supiera?, Si lo hay te invito a que renueves tu mente.
Quizá tus preguntas serian: ¿Cómo hago para renovara mi mente?, ¿Cómo puedo dejar de pensar en el pecado?, ¿Cómo evito pensar negativamente? Y sinceramente te respondo: No hay una formula mágica para eso, pero si existe una forma que de llevarla acabo periódicamente puede ser la solución final a tu problema.
La mejor forma de renovar nuestra mente y nuestros pensamientos en ir a la presencia de Dios, es decir: mantener una verdadera relación personal con Dios, a través de un habito diario de oración, un habito diario de lectura de la Palabra de Dios, es decir de la Biblia, (nunca remplaces la lectura de la Biblia por otro libro o pagina web, sino que además de instruirte en otras formas también no dejes de leer la Palabra de Dios).
Para tener una mente libre de pensamientos negativos también es necesario mantenernos en constante movimiento, ¿Cómo?, pues sirviéndole al Señor, cuando tu le sirves al Señor tu mente no tiene oportunidad de estar pensando en otra cosa mas que agradar a Dios con tu servicio.
Amigo mío, es hora de ir a la presencia de Dios y pedirle que renueve nuestra mente, que cambie todo modelo de pensamiento que me esta llevando a la derrota espiritual y que haga de tu vida una vida nueva llena de su presencia. Es hora de echar fuera toda ave de pensamiento negativo que quiere hacer nido en nosotros, porque nosotros no somos de los que retroceden, sino de lo que avanzan hacia la tierra prometida.
Una mente renovada es sinónimo de una vida en VICTORIA.
Autor: Enrique Monterroza
www.destellodesugloria.org/blog
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La Importancia De Ser Santos
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
(Romanos 12:1-2)
Amigos míos, nosotros en el momento de decidir seguir a Cristo y más aun de decidir hacer su obra es necesario que seamos santos, para comprender que es ser santo habríamos de ver su origen etimológico, en hebreo santo es “Qadosh” que significa apartado. Ser santo es buscar agradar a Dios apartándote de las costumbres del mundo y destacarte por tu consagración y pureza.
Nosotros somos un sacrificio vivo a Dios, y ese sacrificio se mide según nuestra santidad, entre mas santos somos más estamos siendo agradables a Dios, para agradar a Dios es necesario no conformarnos a este siglo. En estos tiempos hay mucha promiscuidad, violencia, hipocresía, corrupción, etc. De todo eso debemos escapar. Al mismo tiempo debemos transformarnos, cada cosa que tengamos que esté mancillando nuestra santidad debe cambiar, ser renovada por nuestro entendimiento, es decir comprender que es algo que no agrada a Dios, de este modo podemos seguir la buena voluntad de Dios en nuestras vidas, que es agradable y perfecta.
A veces para agradar es necesario renunciar a varias cosas que a nuestros ojos están bien, pero a los ojos de Dios no, recordemos que la voluntad de Dios es buena así que si Dios considera que algo no es bueno para nosotros entonces por algo es. A veces es doloroso renunciar a lo que queremos o a cosas que acostumbramos hacer o es difícil dejar ciertos pecados (porque se nos muestra placentero), pero hay que comprender que la voluntad de Dios es agradable y es perfecta, es decir que a la larga nos hará sentir muy bien y comprenderemos que fue para bien.
En términos más simples, definir santidad es fácil: “Santidad es estar a favor de lo que Dios está a favor y estar en contra de lo que Dios está en contra”. Esa frase resumiría la santidad. Analicemos nuestras vidas, ¿las cosas que hago están a favor o en contra de lo que Dios considera bueno?, si hay algo que está en contra es necesario que pidamos al Espíritu Santo que renueve nuestra mente para que no nos conformemos a este siglo, para que no seamos como los demás sino que marquemos la diferencia, recordemos que lo que nos ofrece Dios es infinitas veces mejor que lo que ofrece el mundo.
Algunas cosas que desagradan a Dios serian: El odio, la fornicación, la violencia, la mentira, el orgullo, la altivez, adelantarse a los tiempos, hablar maledicencias o cosas en doble sentido, no predicar a Dios, dar mal ejemplo, ser deshonestos, etc.
Algunas cosas que agradan a Dios: Entregar amor, predicar, cuidar nuestro testimonio, perseguir la justicia y verdad, respetar los tiempos de Dios, ser pacientes, leer la Palabra, ir a la iglesia, ser misericordiosos, etc.
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El Dia Que Compre Mi Libertad
Durante dos años de mi adolescencia trabajé en la carpintería con mi padre. Cargué tablones, ayudé a fabricar muebles de estilo, aspiré aserrín en cantidad industrial y me rebané parte de dos dedos de la mano derecha con una moladora.
Durante ese tiempo, le pregunté a mi padre si le gustaba su oficio. “¿Quién trabaja de lo que gusta?”, me dijo, y agregó: “mi sueño era ser el dueño de una ferretería, pero nunca se dio”. Fin del diálogo. El siempre fue un hombre de pocas palabras, trabajador, de esos que llegan a la fábrica media hora antes de las seis de la mañana y solo se detienen para tomar un café al mediodía. A la hora de mantener una familia, no hay había mucho tiempo para cuestionarse las profundidades de la vida.
Al poco tiempo, empecé a enviar mis dibujos a algunas editoriales. Algunas muy amables me contestaban que por el momento era imposible, y otras, me ignoraban por completo. Finalmente, un flamante periódico que acaba de salir, me concedió una entrevista. Presenté mis bocetos y me contrataron por unos treinta dólares mensuales. Era el primer sueldo que ganaba como fruto de mi propio talento, por aquello que si me gustaba hacer y que estaba lejos del aserrín de la carpintería. Ese dinero tenía otro sabor, digo, me lo había ganado en buena ley, dibujando, creando sobre el papel blanco. Era el pago por una tira cómica titulada “El mosquito Mel”; hoy mis hijos se ríen de mi primer personaje de ficción.
Yo no quería enterrar mi sueño, como la ferretería de mi papá. Mi paranoia era trabajar por el resto de mi vida en algo que no me gustaba, con un sueldo escuálido, y soñando con lo que no pudo haber sido.
Así que, seguí aprendiendo un poco de todo, en silencio. Redacté mis primeras notas, aprendí a hacer copetes, volantas, a titular, a colocar epígrafes. Diseñaba a la vieja usanza (con las galeras de texto que venían desde la imprenta) y me quedaba tiempo para dibujar, que era por lo único que en definitiva, me pagaban.
Con el correr del tiempo, descubrí que si había logrado que me pagaran algo por lo que yo sabía hacer, algún día, quizá podía independizarme y tener más tiempo para servir a Dios, sin presiones económicas o de horarios. En pocos meses, diseñaba casi la mayoría de las publicaciones cristianas y escribía en casi todas, además de seguir dibujando. Paralelamente a eso, crecía nuestro ministerio con la juventud desde la radio y los primeros estadios, historia ya conocida.
Me costó casi dos décadas comprar mi propia libertad. Tener el tiempo y los recursos para administrarlos en la forma que Dios me dijera. Y siempre le digo a los jóvenes que todos pueden hacerlo. Si no es ahora, dentro de un tiempo, pero todos tienen la misma posibilidad. “El don del hombre le abrirá caminos, y lo sentará delante de los grandes”, dice Proverbios. Se refiere a aquello en lo que tu crees que eres bueno. Aquello que sabes hacer, y puede hacerte comer del fruto de tus propias manos.
“El que descubre su don, nunca más vuelve a trabajar” me dijo una vez un amigo de Los Ángeles. Es decir, lo que hagas para ganarte la vida, ya no lo tomas como un trabajo o una carga, sinó como un escalón más hacia tu visión, tu destino en la vida.
A partir de allí pasé por varias publicaciones más y de a poco fui aprendiendo el oficio del diseño gráfico y hasta hice mis primeros pasos con algunas notas periodísticas.
Por aquel entonces tenía 16 años, y fue cuando por primera vez estuve consciente que quería comprar mi libertad. Cuando me dije que si lograba capitalizar mi talento, ya no tendría que trabajar para otros, o aceptar que alguien decidiera cuánto valía una hora de mi tiempo.
-Algún día voy a comprar mi libertad –me repetía mi mismo subiendo al tren.
Hoy soy un hombre libre, en el amplio sentido de la palabra. Vivo de lo que me gusta hacer, me pagan muy bien por ello, y dispongo de tiempo para invertirlo en el Reino. Disfruto llegar cansado a la cama, como producto de hacer lo que nací para hacer. Aquello para lo que fui creado.
Pero hay veces, que el trajín de lo cotidiano me lo hace olvidar.
Y es entonces cuando hago un ejercicio saludable: me detengo a mirar a toda esa gente que cada mañana sale a trabajar en lo que quizá no le gusta. Miro a aquellos que también aspiran el aserrín de una vida que no eligieron, esperando el día en que ganen la libertad. Hacen aquello que no los hace felices, mientras sueñan con ser otra cosa. Los veo colgarse de los trenes, apretujarse en el subterráneo o esperar bajo la llovizna helada el colectivo de las siete de la tarde que los dejará en casa dos horas mas tarde.
Siempre me pregunto cuántos finalmente lo lograrán y siempre llego a la misma conclusión: los que tienen a Dios juegan con ventaja. Si se atreven, ellos pueden lograr que su propio don los lleve lejos, les abra caminos.
El verdadero juego de la vida es lograr encontrar el propósito del porqué naciste. Luego, todo es más fácil, la cotidianeidad no se te hace cuesta arriba, porque ahora ya tienes un norte, un puerto a donde arribar.
Durante muchos años, estuve bajo jefes, de los buenos, y de los otros. Hostiles, déspotas, condescendientes, afables, abusadores y gente que me subestimaba hasta el hartazgo, demostrándomelo cada semana. Pero como el célebre Tío Tom de Mark Twain, me mantenía el pensar: “Estoy caminando hacia mi libertad, tengo talento, se que puedo lograrlo, si me esfuerzo y agacho la cabeza por ahora, algún día me pagarán lo que yo quiera valer”. Un norte. Un sitio donde llegar. Una visión. Un sueño de libertad.
Hace veintidós años atrás, mirando las vías del tren, decidí cambiar mi herencia y ganar la licencia de soñar sin presiones. Fue en ese preciso momento, cuando cambié el aserrín por la libertad.
Vía: Dante gebel.com
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El Dominio Propio
Si quieres alcanzar la santidad debes tener el rasgo de carácter que implica el dominio propio. Conquistarte a ti mismo es más valioso que conquistar una ciudad. Cuando lo logres serás una persona satisfecha, más equilibrada y sana.
Muchas cosas que no te convienen querrán dominar tu vida. El pecado no es permitido por Dios pero a veces parece que no lo recordamos. Si no te dominas a ti mismo cualquier cosa te dominará. Toma el control de tu vida o algo más lo hará. Para lograrlo debes practicar, así como se entrena con el objetivo de ser bueno en cualquier deporte. Esta práctica debe ser diaria e intensa, lee la Biblia, busca tiempo a solas con el Señor y aléjate de las situaciones de tentación. Recuerda que las decisiones de hoy tienen consecuencias en el futuro y tú decides lo es mejor para ti.
La vida cambia completamente cuando sales del colegio e inicias tus estudios en la universidad. Nadie te dice qué hacer, no te presionarán para asistir a clases ni podrán quejas a tus padres. Pero sólo aquellos que tienen dominio propio decidirán hacer lo bueno para vencer. Si quieres vivir en santidad ordena tu existencia y conviértete en el jefe que te prohíbe obrar mal. Nadie puede instruir a otra persona si no se instruye a sí mismo primero. No tendrás autoridad para educar a tus hijos si no les das ejemplo de dominio y conducta honorable. Los padres deben inspirar a sus hijos desde pequeños. Conviértete en su héroe para que anhelen ser como tú.
En 2da. de Timoteo 1:7 lemos: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
Seguramente tú también has intentado dejar algo que no está bien y debes insistir porque el Señor te ha dado espíritu de dominio propio y poder en el amor. El Espíritu Santo te fortalece para evitar lo que no te conviene. Cuando te enfrentas a situaciones difíciles Él te advierte para que te alejes. El Señor te anhela. La Biblia dice que cuando estamos con Cristo somos uno solo con Él. Fuimos hechos para ser uno mismo con Dios.
Desde los once años tengo el privilegio de ayudar a muchos jóvenes. En esa tarea veo que no practican el dominio propio y no buscan llevar una vida en santidad. Recuperemos el dominio propio, decide ser santo, aún cuando hayas cometido pecado. Esfuérzate por imitar a Jesús, cuida tu cuerpo porque le pertenece al Espíritu Santo.
Reconoce que debes dejar todo aquello que no te permite ser santo y que tienes que cambiar para bien. Busca a tu Padre Celestial que ha sembrado con amor y paciencia en tu camino. Dios es fiel y quiere hacer de ti una mejor persona. Para ser usado por Él dile que sí, entrégale tu vida porque este es el momento justo para hacerlo.
Sin dominio propio es imposible ser líder. No es el inicio sino el final lo que vale. Demuestra que eres capaz de obrar bien. (Pastor Cash Luna)
vía: www.cashluna.org
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